lunes, 29 de octubre de 2012
JARDINERÍA EXTREMA
Hmmmm Con la uña negra de haber estado rascando la tierra, saco por fin el hierbajo de raíz. ¡Eso es! Ahora sin raíz a dónde vas a ir ¿eh? ¡Vas a pudrirte en el fondo del bombo de la basura! Ven conmigo...
A la mañana siguiente me despierto de mejor humor y me asomo a la ventana esperando ver un jardín impecable. Casi me caigo de culo al ver que sigue ahí, el muy cabrón se ha escapado y aún esta echándose algo de tierra encima con esas lánguidas manos vegetales que tiene. Éste se va a enterar.
Bajo las escaleras de dos en dos, abro la puerta trasera de una patada, lo cojo de los pelos y tiro sin compasión. Busco las tijeras de podar y me agacho en el suelo de la casucha de jardín. Abro las oxidadas hojas y las aprieto sobre su tembloroso cuerpo
-Esto te va a doler....
-¡Espera!
Por un momento creo haber oído algo y me quedo mirando el hierbajo. Miro alrededor para cerciorarme de que nadie me esta viendo y junto las agarraderas. Repito la operación varias veces hasta que a mis pies no queda más que un manojo de ramas y raíces hechas trizas. Tengo ganas de reírme.
A la mañana siguiente el hierbajo sigue en mi jardín y las tijeras de podar están en mi cama. Tengo miedo. Tengo miedo y me falta un dedo del pie.
martes, 23 de octubre de 2012
Pieles muertas
Tensa, arrugada. Tensa. Arrugada. Tensa......... Arrugada!
Tensa?
Arrugada.
Teeeeeeeen¡sa!
.....arrugada
hm....
¿Cuánto lleva mi abuela muerta?
domingo, 10 de junio de 2012
Confesiones de la lectura cotidiana
Estoy leyendo. En la cama, en la calle esperando al autobus, en el metro, encorvada con la vista fija en las palabras sin apenas darme cuenta de dónde estoy.
Leo y me enamoro del personaje principal, de los detalles que lo forman, de que se acueste pensando en tonterias.
Me enamoro de él aun sabiendo que no existe.
Nada, sólo era eso.
No hay final truculento para hoy. Sólo el eterno amor no correspondido a los grandes personajes de ficción.
lunes, 4 de junio de 2012
Diferentes puntos de vista I
El sonido a plástico frágil removiendose, olor a roto, a..... a roto, no había otra palabra. A papel pulverizado.
A oscuras sólo podía orientarse por el olor y el sonido, no se atrevía a tocar a nada que no fuera él mismo.
Terror. Terror a lo que estuviese pasando allí dentro. Pero aún más terror a lo que se oía desde fuera. ¡Dale fuerte! ¡Dale! ¡Más a la derecha! ¡Pero coge bien el palo, imbécil! ¡Ahí!
Y el griterío infantil que vino después del golpe y la luz y el dolor y el quebrar de caramelos en el suelo.
Piñata lo llaman. Tirado en el suelo con medio cuerpo desparramado sobre el linóleo, aquella palabra casi le hacía gracia.
Casi.
miércoles, 11 de enero de 2012
BOBBY DESCANSA EN PAZ
Uñas. Las miraba y las examinaba, analizando cada milímetro a la perfección, buscando cualquier tipo de tara....un pellejo fuera de lugar. Fue entonces cuado llegó al meñique. Ese dedo en particular era especialmente polémico. De pequeña se lo rompió cuando torturó al perrito Bobby durante un partido de fútbol de su hermano. Tal acto de crueldad le pasó factura. Ahora la uña de su meñique izquierdo estaría ligeramente orientada a la derecha para el resto de sus días. Enervándola y poniéndole los nervios a flor de piel cada vez que reparaba en ello... que era preocupantemente a menudo.
Pasaron diez minutos y allí seguía. En la silla encorvada en un ángulo enfermizo mirándose esa pequeña uña sin parpadear casi, para no perderse ni un detalle.
La empezó a rascar, aquí y allá, para tratar de igualarla. Empezó a tirar de un padrastro y no lo hizo bien por los nervios y la frustración. Aquel día se puso guantes para ir al trabajo porque no quería que nadie se diese cuenta de que tenía un poco de costra sanguinolenta escondida bajo el terciopelo, riéndose de ella y atormentándola en silencio. Al llegar a casa se quitó el guante furiosamente y observó el meñique durante media hora. Sin atreverse a tocarlo esta vez. Hasta cogió su lupa buena para poder verlo más de cerca. Durante un fugaz segundo se arrepintió de no haber comprado aquel estúpido microscopio infantil para poder estudiar mejor aquella imperfección.
Se lavó las manos y se fue a la cama con intención de dormirse y olvidarse de algo que carecía por completo de sentido. Al fin y al cabo era sólo una mísera uña que se curaría en un par de días, nadie se iba a dar cuenta.
A las 6 de la mañana, con los ojos secos de no usarlos, cogió el cuchillo del pan y se quitó el problema de encima. Tiró lo que quedaba del dedo por la ventana del patio interior.
A las 8 de la mañana el perro de la portera olió algo fresco. Encontró el dedo meñique de la joven del 4ºG y lo tragó con sumo gusto, sin masticar apenas.
A las 3 de la tarde del día siguiente depositó lo que quedaba de la uña en el césped de la entrada del edificio.
A las 5 de la tarde la joven del 4ºG volviendo del hospital y de un rato muy pero que muy desagradable con un psiquiatra muy mal educado, lamentablemente pisó los restos que el perro de la portera había dejado allí para ella.
Indudablemente reconoció su propia uña.
La joven del 4ºG cayó al suelo, cerró los ojos y no volvió a producir sonido alguno. No volvió a cortarse las uñas, no volvió a caminar. No volvió a utilizar cubiertos que no fueran de plástico. No volvió a cruzar el umbral del 4ºG. No volvió a ser capaz de controlar ninguno de sus esfínteres y no volvió a lavarse los dientes con la derecha. Cayó al suelo. Cuando abrió los ojos estaba en el hospital. Esta vez no la dejaron salir.
Pasaron diez minutos y allí seguía. En la silla encorvada en un ángulo enfermizo mirándose esa pequeña uña sin parpadear casi, para no perderse ni un detalle.
La empezó a rascar, aquí y allá, para tratar de igualarla. Empezó a tirar de un padrastro y no lo hizo bien por los nervios y la frustración. Aquel día se puso guantes para ir al trabajo porque no quería que nadie se diese cuenta de que tenía un poco de costra sanguinolenta escondida bajo el terciopelo, riéndose de ella y atormentándola en silencio. Al llegar a casa se quitó el guante furiosamente y observó el meñique durante media hora. Sin atreverse a tocarlo esta vez. Hasta cogió su lupa buena para poder verlo más de cerca. Durante un fugaz segundo se arrepintió de no haber comprado aquel estúpido microscopio infantil para poder estudiar mejor aquella imperfección.
Se lavó las manos y se fue a la cama con intención de dormirse y olvidarse de algo que carecía por completo de sentido. Al fin y al cabo era sólo una mísera uña que se curaría en un par de días, nadie se iba a dar cuenta.
A las 6 de la mañana, con los ojos secos de no usarlos, cogió el cuchillo del pan y se quitó el problema de encima. Tiró lo que quedaba del dedo por la ventana del patio interior.
A las 8 de la mañana el perro de la portera olió algo fresco. Encontró el dedo meñique de la joven del 4ºG y lo tragó con sumo gusto, sin masticar apenas.
A las 3 de la tarde del día siguiente depositó lo que quedaba de la uña en el césped de la entrada del edificio.
A las 5 de la tarde la joven del 4ºG volviendo del hospital y de un rato muy pero que muy desagradable con un psiquiatra muy mal educado, lamentablemente pisó los restos que el perro de la portera había dejado allí para ella.
Indudablemente reconoció su propia uña.
La joven del 4ºG cayó al suelo, cerró los ojos y no volvió a producir sonido alguno. No volvió a cortarse las uñas, no volvió a caminar. No volvió a utilizar cubiertos que no fueran de plástico. No volvió a cruzar el umbral del 4ºG. No volvió a ser capaz de controlar ninguno de sus esfínteres y no volvió a lavarse los dientes con la derecha. Cayó al suelo. Cuando abrió los ojos estaba en el hospital. Esta vez no la dejaron salir.
lunes, 19 de diciembre de 2011
GOLPEA LA PARED
Golpea la pared. Golpea la pared. Golpea la pared. Golpea la pared una vez más. La última vez. Golpea la pared. Golpea la pared. Golpea la puta pared.
Basta.
Miro al frente y lo veo todo borroso. Una extraña mancha roja que parece un test de Roschach me contesta sarcásticamente. Me acerco porque no me entero muy bien de lo que me dice. ¿Qué dices? Que soy un enfermo.... muy original gracias. Golpeo la mancha con la mano. Mierda. Ahora la cabrona se ha mudado a mis nudillos. No me parece. ¿Dónde estaba el baño en esta casa? Dios! Qué puto frío hace, ¿no? Estar descalzo no ayuda, genio. Da lo mismo. ¡Ay! ¡Puto suelo de madera! ¡Putas astillas! La mesa del salón me dice algo... ¿Qué dices tu ahora? Ah sí, gracias, ya sé que debería llevar puestas las babuchas. ¿Qué le pasa a esta casa? ¡Cuánta hostilidad! Por fin la puerta del baño... menos mal. Joder menudas pintas tengo.... ¿Qué es esto? ah.... jajajajajaaj sangre. El espejo me dice que me he pasado un rato dándome en la cabeza con la pared. Sí... de eso me acuerdo. Coño si esta fría el agua. Y la toalla.... las toallas aquí siempre están húmedas joder. ¡Ay! sh.... shhhh! no ... a ver.... trae.... vale. Ahora mejor. Tengo muy mala cara, ¿no? ¿Qué es eso? tengo el ojo algo hinchado... pero bueno, al menos no me sangra. Si... debería hacerle caso a la mesa y ponerme zapatos. Ah, no espérate, esta no es mi casa. Voy a salir ya de aquí, me aburro. Echo una última ojeada al salón y me doy cuenta de que la tía del suelo tiene el codo en un ángulo extraño. A ver qué le pasa ahora a ésta. Tu.... el codo.... ¡Oye! ¡Que tienes el codo que se te sale el hueso!.... Tengo que hacerlo todo yo. Ven.... a ver.... sí, así mucho mejor, ¿ves? El sofá me contesta, pero yo no hablo francés. Miro a la tía del suelo pero algo sigue fallando..... Espérate que te saque el cuchillo del costado... si, mucho mejor. Ahí te quedas. ¡Adios! Creo que oigo al sofá decir "ourvuá" cuando cierro la puerta.
Los putos muebles siempre tienen que opinar de todo.
Basta.
Miro al frente y lo veo todo borroso. Una extraña mancha roja que parece un test de Roschach me contesta sarcásticamente. Me acerco porque no me entero muy bien de lo que me dice. ¿Qué dices? Que soy un enfermo.... muy original gracias. Golpeo la mancha con la mano. Mierda. Ahora la cabrona se ha mudado a mis nudillos. No me parece. ¿Dónde estaba el baño en esta casa? Dios! Qué puto frío hace, ¿no? Estar descalzo no ayuda, genio. Da lo mismo. ¡Ay! ¡Puto suelo de madera! ¡Putas astillas! La mesa del salón me dice algo... ¿Qué dices tu ahora? Ah sí, gracias, ya sé que debería llevar puestas las babuchas. ¿Qué le pasa a esta casa? ¡Cuánta hostilidad! Por fin la puerta del baño... menos mal. Joder menudas pintas tengo.... ¿Qué es esto? ah.... jajajajajaaj sangre. El espejo me dice que me he pasado un rato dándome en la cabeza con la pared. Sí... de eso me acuerdo. Coño si esta fría el agua. Y la toalla.... las toallas aquí siempre están húmedas joder. ¡Ay! sh.... shhhh! no ... a ver.... trae.... vale. Ahora mejor. Tengo muy mala cara, ¿no? ¿Qué es eso? tengo el ojo algo hinchado... pero bueno, al menos no me sangra. Si... debería hacerle caso a la mesa y ponerme zapatos. Ah, no espérate, esta no es mi casa. Voy a salir ya de aquí, me aburro. Echo una última ojeada al salón y me doy cuenta de que la tía del suelo tiene el codo en un ángulo extraño. A ver qué le pasa ahora a ésta. Tu.... el codo.... ¡Oye! ¡Que tienes el codo que se te sale el hueso!.... Tengo que hacerlo todo yo. Ven.... a ver.... sí, así mucho mejor, ¿ves? El sofá me contesta, pero yo no hablo francés. Miro a la tía del suelo pero algo sigue fallando..... Espérate que te saque el cuchillo del costado... si, mucho mejor. Ahí te quedas. ¡Adios! Creo que oigo al sofá decir "ourvuá" cuando cierro la puerta.
Los putos muebles siempre tienen que opinar de todo.
lunes, 5 de diciembre de 2011
CANCIÓN DE CUNA
Abrió los ojos y algo le molestaba en el fondo del oído. Tenía la sensación de haber soñado algo desagradable que no conseguía recordar. Cerró los ojos y trató de visualizarlo, de recordar algún detalle. Nada. Sólo esa molestia en la parte de atrás de la cabeza.
Con los ojos cerrados pudo concentrarse mejor en lo que escuchaba. Cuanto más tiempo pasaba de este modo, más nítido se hacía el sonido. Una risa infantil al principio quizás. Empezaba a oírse más fuerte. Era una risa, pero no tenía nada de infantil... Más fuerte, una risa chirriante. Una risa ensordecedora llena de odio. Una carcajada tan terrible que sabía a azufre y olía a óxido. Quería dejar de escuchar, pero era imposible. ¿Cómo se deja de escuchar?
La risa seguía allí, ocupándolo todo. No podía respirar. Todo su cuerpo retumbaba a su compás. No cabía nada más que aquel sonido incesante.
Dejó de escuchar de la única manera que supo. La ventana no estaba demasiado lejos. Y al parecer el suelo tampoco.
Con los ojos cerrados pudo concentrarse mejor en lo que escuchaba. Cuanto más tiempo pasaba de este modo, más nítido se hacía el sonido. Una risa infantil al principio quizás. Empezaba a oírse más fuerte. Era una risa, pero no tenía nada de infantil... Más fuerte, una risa chirriante. Una risa ensordecedora llena de odio. Una carcajada tan terrible que sabía a azufre y olía a óxido. Quería dejar de escuchar, pero era imposible. ¿Cómo se deja de escuchar?
La risa seguía allí, ocupándolo todo. No podía respirar. Todo su cuerpo retumbaba a su compás. No cabía nada más que aquel sonido incesante.
Dejó de escuchar de la única manera que supo. La ventana no estaba demasiado lejos. Y al parecer el suelo tampoco.
TODOS LOS DOMINGOS SIN EXCEPCIÓN
La cuchara hacía suaves movimientos circulares hundida en el agua sucia de la taza. El té siempre me ha parecido agua de pantano, o de pozo....agua sucia, vamos.
Por mucho terroncito de azúcar o leche desnatada que le echases en lo alto, eso no tiene buena pinta.
Cuando dejó la cucharilla en la mesa y se llevo la porcelana a la boca me di cuenta de que la Señora Pearl tenía un leve bigotillo bajo la nariz. Y no me explicaba para qué se pintaba los labios si luego se iba a quedar todo en la taza. Al beber, abría las aletas de la nariz como si realmente supiera que estaba tragando agua de alcantarilla edulcorada. Subía el meñique como en las pelis antiguas, con una fina uña rosa asco. Ese es el color; rosa asco. No hay otra forma de describirlo.
-¿Que te ocurre querida?
Me dice la tia. ¡¿Querida?! ¿En serio?
-Nada... tiene un juego de tazas muy bonito.
Me doy asco a mi misma. Aunque no tanto asco como me da la Señora Pearl.
Por mucho terroncito de azúcar o leche desnatada que le echases en lo alto, eso no tiene buena pinta.
Cuando dejó la cucharilla en la mesa y se llevo la porcelana a la boca me di cuenta de que la Señora Pearl tenía un leve bigotillo bajo la nariz. Y no me explicaba para qué se pintaba los labios si luego se iba a quedar todo en la taza. Al beber, abría las aletas de la nariz como si realmente supiera que estaba tragando agua de alcantarilla edulcorada. Subía el meñique como en las pelis antiguas, con una fina uña rosa asco. Ese es el color; rosa asco. No hay otra forma de describirlo.
-¿Que te ocurre querida?
Me dice la tia. ¡¿Querida?! ¿En serio?
-Nada... tiene un juego de tazas muy bonito.
Me doy asco a mi misma. Aunque no tanto asco como me da la Señora Pearl.
sábado, 3 de diciembre de 2011
CARACOLES DISECADOS
Bajaba las interminables escaleras de caracol con la certeza de que a cada paso que daba desaparecería un peldaño más. Si paraba, las escaleras desaparecerían bajo sus pies y caería al abismo. De modo que seguiría bajando y bajando sin llegar a ningún sitio. Bajando y mareándose y parpadeando cada vez más fuerte, respirando cada vez más fuerte.
Por una de estas casualidades de la vida que nadie llega a entender, un parpadeo coincidió con una pisada y el pie le traicionó colocándose tres centímetros por delante de lo deseado. Perdió el equilibrio y el peldaño se regocijó al ver que había llegado su esperado final.
Las escaleras llevaban años deseando que aquello pasase, que cometiese un fallo, uno sólo, para poder liberarse. Llevaban años a merced de ella, bajando sin parar los mismo peldaños una y otra vez. Estaban ya gastado y agotados. Y pisoteados, sobretodo pisoteados. "Ojala se caiga ya" se decían entre susurros, "a ver si se parte la crisma de una vez" con el paso de los meses, "¿Es que no va a parar nunca?" "¿Pero de qué esta huyendo?".
Y por fin, ahora que ella estaba cayendo, tratando de colocar las manos por delante para parar un golpe que no ocurriría... ahora que por fin las escaleras habían logrado lo que querían.
Ninguno pudo mirar.
Ni un solo peldaño se atrevió a abrir los ojos. Solamente el retorcido pasamanos se regodeaba con aquel traspiés. El pasamanos que había estado observando todo aquello desde una distancia inventada. Era el que menos había sufrido la erosión de la obsesiva muchacha, y sin embargo era el que más odio había acumulado. El pasamanos le había clavado astillas en las manos casi diariamente. Disfrutaba con la sensación de hacerle daño. Se le iluminaba la cara al ver la expresión de dolor cada vez que sus manos sufrían otro pinchazo. El pasamanos disfrutaba mucho de todo aquello. Y ahora que se estaba cayendo al abismo no cabía en sí de gozo.
Pero la felicidad del pasamanos pronto se vería frustrada.
Durante la caída, una de las astilladas manos de la joven consiguió agarrarse a algo. Algo fino y metálico. No podemos olvidar lo que mantiene unidos a peldaños y pasamanos. Esas finas barras que todos pasamos por alto a excepción del día en que metemos una rodilla entre sus líneas discontinuas.
Ella se salvó. Y siguió bajando escaleras. Y los peldaños la amaron de nuevo a su manera. Y el pasamanos siguió disfrutando de su sigilosa crueldad. Y las barras metálicas... ellas siguieron allí.... sin tocar a la chica ni tocarse entre ellas. Sintiendo odio en la cabeza y amor en los pies. Confusas y perdidas. Las únicas que realmente entendían a la chica que bajaba escaleras.
Por una de estas casualidades de la vida que nadie llega a entender, un parpadeo coincidió con una pisada y el pie le traicionó colocándose tres centímetros por delante de lo deseado. Perdió el equilibrio y el peldaño se regocijó al ver que había llegado su esperado final.
Las escaleras llevaban años deseando que aquello pasase, que cometiese un fallo, uno sólo, para poder liberarse. Llevaban años a merced de ella, bajando sin parar los mismo peldaños una y otra vez. Estaban ya gastado y agotados. Y pisoteados, sobretodo pisoteados. "Ojala se caiga ya" se decían entre susurros, "a ver si se parte la crisma de una vez" con el paso de los meses, "¿Es que no va a parar nunca?" "¿Pero de qué esta huyendo?".
Y por fin, ahora que ella estaba cayendo, tratando de colocar las manos por delante para parar un golpe que no ocurriría... ahora que por fin las escaleras habían logrado lo que querían.
Ninguno pudo mirar.
Ni un solo peldaño se atrevió a abrir los ojos. Solamente el retorcido pasamanos se regodeaba con aquel traspiés. El pasamanos que había estado observando todo aquello desde una distancia inventada. Era el que menos había sufrido la erosión de la obsesiva muchacha, y sin embargo era el que más odio había acumulado. El pasamanos le había clavado astillas en las manos casi diariamente. Disfrutaba con la sensación de hacerle daño. Se le iluminaba la cara al ver la expresión de dolor cada vez que sus manos sufrían otro pinchazo. El pasamanos disfrutaba mucho de todo aquello. Y ahora que se estaba cayendo al abismo no cabía en sí de gozo.
Pero la felicidad del pasamanos pronto se vería frustrada.
Durante la caída, una de las astilladas manos de la joven consiguió agarrarse a algo. Algo fino y metálico. No podemos olvidar lo que mantiene unidos a peldaños y pasamanos. Esas finas barras que todos pasamos por alto a excepción del día en que metemos una rodilla entre sus líneas discontinuas.
Ella se salvó. Y siguió bajando escaleras. Y los peldaños la amaron de nuevo a su manera. Y el pasamanos siguió disfrutando de su sigilosa crueldad. Y las barras metálicas... ellas siguieron allí.... sin tocar a la chica ni tocarse entre ellas. Sintiendo odio en la cabeza y amor en los pies. Confusas y perdidas. Las únicas que realmente entendían a la chica que bajaba escaleras.
lunes, 4 de abril de 2011
Hora punta
Incómodamente sentada en el tren, con las piernas en un ángulo extraño contra la maleta del costado. Un codo clavado en el muslo y el otro sosteniendo la cabeza, que por supuesto estaba doblada de la mejor forma posible para conseguir más tarde una feliz contractura. La pequeña cavidad del vagón olía a una desequilibrada mezcla de perfume de señora y sudor destilado, ah, y a gallina ¿cómo no?. Cuando sabía que estaba a punto de conseguir un mínimo de descanso, un insoportable picor se aferró a su mejilla.
Perfecto, ahora tardaría 15 segundos en rascarse: primero tendría que subir el brazo por debajo de la manta sin molestar al señor de al lado, que seguramente tuvo una feliz infancia comiendo a escondidas los chocolates que robaba cuando pensaba que nadie le veía. Tras evadir la masiva rodilla de su sonoro acompañante, tendría que apartar su propia melena enmarañada de la cara y rascarse. Para entonces, el punto de apoyo que tenía sobre el muslo acabaría cediendo, lo cual daría lugar a que su pierna diese de lleno contra la mortífera espinilla de la señora momia que tenía justo en frente, con aquel moño alto tan ridículamente espantoso.
Perfecto, Para evitar todo esto se resignó y trató de dormir, o de imaginar que estaba en otro lugar, que era lo más cercano a dormir que podía conseguir sin entrar realmente en fase rem.
Inútil, era físicamente imposible ignorar el picor. ¿y si tenía un bicho? Perfecto, un bicho ¿y qué mas?. Tuvo que rascarse. Efectivamente rozó al gordo y sin duda dio un puntapié a la vieja, pero la peor parte se la llevó el enorme arácnido que simplemente paseaba por la tierna mejilla de una extranjera. Seis patas rotas, desgarros en el abdomen, ceguera completa y vitalicia para empezar.
¡Oh, muchas gracias por saludarme tan efusivamente maldita zorra sin corazón!
Perfecto, ahora tardaría 15 segundos en rascarse: primero tendría que subir el brazo por debajo de la manta sin molestar al señor de al lado, que seguramente tuvo una feliz infancia comiendo a escondidas los chocolates que robaba cuando pensaba que nadie le veía. Tras evadir la masiva rodilla de su sonoro acompañante, tendría que apartar su propia melena enmarañada de la cara y rascarse. Para entonces, el punto de apoyo que tenía sobre el muslo acabaría cediendo, lo cual daría lugar a que su pierna diese de lleno contra la mortífera espinilla de la señora momia que tenía justo en frente, con aquel moño alto tan ridículamente espantoso.
Perfecto, Para evitar todo esto se resignó y trató de dormir, o de imaginar que estaba en otro lugar, que era lo más cercano a dormir que podía conseguir sin entrar realmente en fase rem.
Inútil, era físicamente imposible ignorar el picor. ¿y si tenía un bicho? Perfecto, un bicho ¿y qué mas?. Tuvo que rascarse. Efectivamente rozó al gordo y sin duda dio un puntapié a la vieja, pero la peor parte se la llevó el enorme arácnido que simplemente paseaba por la tierna mejilla de una extranjera. Seis patas rotas, desgarros en el abdomen, ceguera completa y vitalicia para empezar.
¡Oh, muchas gracias por saludarme tan efusivamente maldita zorra sin corazón!
jueves, 24 de marzo de 2011
Transformación
Letras, espacios, palabras y nada más. Frases, párrafos y páginas. Todas llenas de manchas negras que, en algún lugar, en alguna época, tenían un sentido. Pasaba los dedos por encima sin entender. Dibujos extraños inventados por locos cuando el sol aún no tenía un nombre falsificado.
Los ojos, los ojos no cambiaban.
Y la nariz, la nariz también era la misma. Casi la misma.
Pero la boca. La boca se había transformado de la manera más extraña posible. Adivinaba que era una boca porque estaba bajo esa nariz perfecta y sobre una barbilla. O lo que parecía ser una barbilla. Lo que quedaba de ella al menos.
La criatura pasaba las manos sobre las hojas de papel con una eterna pregunta tras los párpados. Pero esa boca. ¿Qué le había pasado? Se sorprendió preguntándose cómo sería tocarla. La textura... húmeda seguramente. Desagradable. ¿Peligrosa? Era posible.
Sus ojos chocaron en el aire y se asustó. Frente a frente aquella boca era aún más desconcertante.
Nada que una buena bolsa de papel no pudiera arreglar a tiempo.
Los ojos, los ojos no cambiaban.
Y la nariz, la nariz también era la misma. Casi la misma.
Pero la boca. La boca se había transformado de la manera más extraña posible. Adivinaba que era una boca porque estaba bajo esa nariz perfecta y sobre una barbilla. O lo que parecía ser una barbilla. Lo que quedaba de ella al menos.
La criatura pasaba las manos sobre las hojas de papel con una eterna pregunta tras los párpados. Pero esa boca. ¿Qué le había pasado? Se sorprendió preguntándose cómo sería tocarla. La textura... húmeda seguramente. Desagradable. ¿Peligrosa? Era posible.
Sus ojos chocaron en el aire y se asustó. Frente a frente aquella boca era aún más desconcertante.
Nada que una buena bolsa de papel no pudiera arreglar a tiempo.
martes, 26 de octubre de 2010
Halloween
Se acercaba Halloween y Maryann quería disfrazarse de caperucita roja, así podría acompañar a sus amigas a la fiesta de la Gran Plaza. Recordaba que de pequeña siembre llevaba un lazo rojo que le recogía el pelo. ¿Dónde lo habría dejado?
Abrió con prisas todos los cajones de su cuarto y algo rojo llamó su atención en el fondo del cesto de los calcetines. Estaba algo polvoriento, pero serviría. Cortó una parte que estaba demasiado arrugada y la olvidó bajo la cama, cerca de la pelusa que llevaba viviendo allí 4 o 5 meses.
Una vez en el suelo y pasados 3 días, el pequeño retal rojo se levantó y se acercó a la ventana para irse y nunca volver. Pero al llegar al dobladillo de la cortina algo le saludó.
Era Phill, eso que vive en la sobra que se forma debajo de tu ventana cuando se hace de noche. Phill.
Ahora ya no tendría que irse lejos. El lazo y Phill conseguirían vengarse antes de que la estúpida de Maryann pusiera un pie sobre el suelo. Solo que ahora tendría que cambiar de nombre.
Phill y Murphy se acercaron a los tobillos de Maryann.
La niña tuvo el tiempo justo de rascarse en sueños.
Nada más.
Abrió con prisas todos los cajones de su cuarto y algo rojo llamó su atención en el fondo del cesto de los calcetines. Estaba algo polvoriento, pero serviría. Cortó una parte que estaba demasiado arrugada y la olvidó bajo la cama, cerca de la pelusa que llevaba viviendo allí 4 o 5 meses.
Una vez en el suelo y pasados 3 días, el pequeño retal rojo se levantó y se acercó a la ventana para irse y nunca volver. Pero al llegar al dobladillo de la cortina algo le saludó.
Era Phill, eso que vive en la sobra que se forma debajo de tu ventana cuando se hace de noche. Phill.
Ahora ya no tendría que irse lejos. El lazo y Phill conseguirían vengarse antes de que la estúpida de Maryann pusiera un pie sobre el suelo. Solo que ahora tendría que cambiar de nombre.
Phill y Murphy se acercaron a los tobillos de Maryann.
La niña tuvo el tiempo justo de rascarse en sueños.
Nada más.
sábado, 5 de junio de 2010
Carrera de fondo.
Le perseguían. Podía oir con perfecta claridad sus pesadas respiraciones detrás de sí, a unos 30 metros.
Cada vez más cerca, cada vez más frios.
Miraba a un punto en el horizonte, una luz que alguien se dejó encendida sin querer.
Cada vez más cerca, cada vez más sedientos.
Se asustó cuando notó que la vista se le nublaba, cerró los párpados fuertemente para que cayeran las gotas y al abrirlos pudo ver de nuevo.
Cada vez más cerca, cada vez más fuertes.
Se daba con los talones en la parte trasera de los muslos y sentía cómo a la mañana siguiente le saldrían cardenales. Si es que había mañana siguiente.
Cada vez más cerca, cada vez con los brazos más estirados.
Sentía la garganta tan seca como las hojas de otoño al caer sobre el asfalto, tan seca que casi no podía respirar. Ahora no sólo oía cómo rozaban su pelo, podía oler sus alientos.
Cada vez más cerca, cada vez má
Cada vez más cerca, cada vez más frios.
Miraba a un punto en el horizonte, una luz que alguien se dejó encendida sin querer.
Cada vez más cerca, cada vez más sedientos.
Se asustó cuando notó que la vista se le nublaba, cerró los párpados fuertemente para que cayeran las gotas y al abrirlos pudo ver de nuevo.
Cada vez más cerca, cada vez más fuertes.
Se daba con los talones en la parte trasera de los muslos y sentía cómo a la mañana siguiente le saldrían cardenales. Si es que había mañana siguiente.
Cada vez más cerca, cada vez con los brazos más estirados.
Sentía la garganta tan seca como las hojas de otoño al caer sobre el asfalto, tan seca que casi no podía respirar. Ahora no sólo oía cómo rozaban su pelo, podía oler sus alientos.
Cada vez más cerca, cada vez má
domingo, 14 de marzo de 2010
lunes, 1 de marzo de 2010
Los malos no siempre se esconden bajo la cama.
El pequeño Timmy apenas contaba 3 años y ya sabía decir el abecedario de memoria. No sólo empezando por la A y siguiendo hasta la zeta, también podía recitarlo al revés. Sus padres lo enseñaban muy orgullosamente a las visitas, como si su hijo fuera un mono de feria, y todos aplaudían y reían. Luego, antes de la cena de los mayores, su madre lo llevaba al cuarto azul que habían decorado para él y lo acostaba contándole un cuento. Su gato "Calcetines" había muerto hace poco y sólo conciliaba el sueño si antes le contaban una historia.
Hoy tocaba Rapunzel y eso despertó la perspicacia de Phill, que después de tres noches no había conseguido subir a la cama del estúpido niño. En cuando la madre saliera de la habitación, el pequeño Timmy no volvería a recitar.
Algo se movió en la sombra que se formaba bajo la ventana de Timmy cuando se hacía de noche.
Hoy tocaba Rapunzel y eso despertó la perspicacia de Phill, que después de tres noches no había conseguido subir a la cama del estúpido niño. En cuando la madre saliera de la habitación, el pequeño Timmy no volvería a recitar.
Algo se movió en la sombra que se formaba bajo la ventana de Timmy cuando se hacía de noche.
viernes, 29 de enero de 2010
El retraso evolutivo de los gatos
Estaba el hilo en su lugar habitual: el costurero de Sam. El gato vino y trató de jugar con él, con la mala suerte de que un extremo se quebró y calló bajo de la mesa. Sam nunca se dió cuenta y la Señora Anneta lo barrió una mañana con su escoba astillada.
Tras este incidente, el hilo se encontró de pronto con el sol, el viento, el olor a comida pasada y las voces de todas las personas.
En la comodidad del taller no se había percatado de que era completamente incapáz de cualquier movimiento autoinducido, y calló en una terrible depresión. Pasó unas horas en este estado de aflicción hasta que se empezó a deshilachar y paró de inmediato. Otro gato malévolo llegó y quiso jugar con el hilo. Esta vez él había aprendido la lección, consiguió estrangular al estúpido felino y se cambió de nombre.
Ahora se llama Phill, y vive en la sombra que se forma debajo de tu ventana cuando se hace de noche. Esta tan oscuro que no puedes darte cuenta de que ya aprendió a moverse sólo...
Tras este incidente, el hilo se encontró de pronto con el sol, el viento, el olor a comida pasada y las voces de todas las personas.
En la comodidad del taller no se había percatado de que era completamente incapáz de cualquier movimiento autoinducido, y calló en una terrible depresión. Pasó unas horas en este estado de aflicción hasta que se empezó a deshilachar y paró de inmediato. Otro gato malévolo llegó y quiso jugar con el hilo. Esta vez él había aprendido la lección, consiguió estrangular al estúpido felino y se cambió de nombre.
Ahora se llama Phill, y vive en la sombra que se forma debajo de tu ventana cuando se hace de noche. Esta tan oscuro que no puedes darte cuenta de que ya aprendió a moverse sólo...
sábado, 16 de enero de 2010
La bestia
Tumbado en la cama trataba de ignorar los ruidos que venían de la habitación de al lado. El viejo respiraba pesadamente mientras desde el habitáculo contiguo, ella se fumaba el poco aire que quedaba y el ruido era ensordecedor. Se tapó aún más con la manta, pero las pezuñas de la criatura chocaban sin cesar contra la astillada madera de la puerta que los separaba. Aquella presencia era un veneno nocturno que le infectaba con cada latido.
La oscuridad lamía sus ojos y las paredes se lanzaban contra él hasta que le dejaron preso en el espacio de un ataúd ocupado. Se levantó y sin saber cómo, el horror le agarrotó los dedos sobre el pomo de aquella puerta infernal, que se abrió sin su permiso.
Se atrevió a mirarla por fin, y al ver sus dulces ojos azules no pudo contenerse más. Se acercó a la niña alargando los brazos y rompió su precioso y diminuto cuello.
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Este microrelato de "terror" no ha ganado ningún premio xD
La oscuridad lamía sus ojos y las paredes se lanzaban contra él hasta que le dejaron preso en el espacio de un ataúd ocupado. Se levantó y sin saber cómo, el horror le agarrotó los dedos sobre el pomo de aquella puerta infernal, que se abrió sin su permiso.
Se atrevió a mirarla por fin, y al ver sus dulces ojos azules no pudo contenerse más. Se acercó a la niña alargando los brazos y rompió su precioso y diminuto cuello.
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Este microrelato de "terror" no ha ganado ningún premio xD
domingo, 3 de enero de 2010
Research
Todos empezaron a llamarlo "Conde" a sus espaldas, algo que le irritaba sobremanera. Pobre Bram, los que no le conocían se llevaban una enorme decepción cuando descubrían que no se alimentaba de sangre...exclusivamente.
lunes, 7 de diciembre de 2009
martes, 1 de diciembre de 2009
Ejercicio del Taller Literario
Roberta estaba haciendo mantequilla en el establo cuando llegó su hermana con un montón de papeles estrangulados en su puño.
- ¿Qué ha pasado?- quiso saber Roberta
- La cabra encontró unas hojas de la Ilíada del tío Bobo- contestó su hermana masticando los folios atropelladamente
- Y ¿Por qué diablos te las estas comiendo?- preguntó
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