Se acercaba Halloween y Maryann quería disfrazarse de caperucita roja, así podría acompañar a sus amigas a la fiesta de la Gran Plaza. Recordaba que de pequeña siembre llevaba un lazo rojo que le recogía el pelo. ¿Dónde lo habría dejado?
Abrió con prisas todos los cajones de su cuarto y algo rojo llamó su atención en el fondo del cesto de los calcetines. Estaba algo polvoriento, pero serviría. Cortó una parte que estaba demasiado arrugada y la olvidó bajo la cama, cerca de la pelusa que llevaba viviendo allí 4 o 5 meses.
Una vez en el suelo y pasados 3 días, el pequeño retal rojo se levantó y se acercó a la ventana para irse y nunca volver. Pero al llegar al dobladillo de la cortina algo le saludó.
Era Phill, eso que vive en la sobra que se forma debajo de tu ventana cuando se hace de noche. Phill.
Ahora ya no tendría que irse lejos. El lazo y Phill conseguirían vengarse antes de que la estúpida de Maryann pusiera un pie sobre el suelo. Solo que ahora tendría que cambiar de nombre.
Phill y Murphy se acercaron a los tobillos de Maryann.
La niña tuvo el tiempo justo de rascarse en sueños.
Nada más.
Mostrando entradas con la etiqueta terror. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta terror. Mostrar todas las entradas
martes, 26 de octubre de 2010
sábado, 5 de junio de 2010
Carrera de fondo.
Le perseguían. Podía oir con perfecta claridad sus pesadas respiraciones detrás de sí, a unos 30 metros.
Cada vez más cerca, cada vez más frios.
Miraba a un punto en el horizonte, una luz que alguien se dejó encendida sin querer.
Cada vez más cerca, cada vez más sedientos.
Se asustó cuando notó que la vista se le nublaba, cerró los párpados fuertemente para que cayeran las gotas y al abrirlos pudo ver de nuevo.
Cada vez más cerca, cada vez más fuertes.
Se daba con los talones en la parte trasera de los muslos y sentía cómo a la mañana siguiente le saldrían cardenales. Si es que había mañana siguiente.
Cada vez más cerca, cada vez con los brazos más estirados.
Sentía la garganta tan seca como las hojas de otoño al caer sobre el asfalto, tan seca que casi no podía respirar. Ahora no sólo oía cómo rozaban su pelo, podía oler sus alientos.
Cada vez más cerca, cada vez má
Cada vez más cerca, cada vez más frios.
Miraba a un punto en el horizonte, una luz que alguien se dejó encendida sin querer.
Cada vez más cerca, cada vez más sedientos.
Se asustó cuando notó que la vista se le nublaba, cerró los párpados fuertemente para que cayeran las gotas y al abrirlos pudo ver de nuevo.
Cada vez más cerca, cada vez más fuertes.
Se daba con los talones en la parte trasera de los muslos y sentía cómo a la mañana siguiente le saldrían cardenales. Si es que había mañana siguiente.
Cada vez más cerca, cada vez con los brazos más estirados.
Sentía la garganta tan seca como las hojas de otoño al caer sobre el asfalto, tan seca que casi no podía respirar. Ahora no sólo oía cómo rozaban su pelo, podía oler sus alientos.
Cada vez más cerca, cada vez má
sábado, 16 de enero de 2010
La bestia
Tumbado en la cama trataba de ignorar los ruidos que venían de la habitación de al lado. El viejo respiraba pesadamente mientras desde el habitáculo contiguo, ella se fumaba el poco aire que quedaba y el ruido era ensordecedor. Se tapó aún más con la manta, pero las pezuñas de la criatura chocaban sin cesar contra la astillada madera de la puerta que los separaba. Aquella presencia era un veneno nocturno que le infectaba con cada latido.
La oscuridad lamía sus ojos y las paredes se lanzaban contra él hasta que le dejaron preso en el espacio de un ataúd ocupado. Se levantó y sin saber cómo, el horror le agarrotó los dedos sobre el pomo de aquella puerta infernal, que se abrió sin su permiso.
Se atrevió a mirarla por fin, y al ver sus dulces ojos azules no pudo contenerse más. Se acercó a la niña alargando los brazos y rompió su precioso y diminuto cuello.
___
Este microrelato de "terror" no ha ganado ningún premio xD
La oscuridad lamía sus ojos y las paredes se lanzaban contra él hasta que le dejaron preso en el espacio de un ataúd ocupado. Se levantó y sin saber cómo, el horror le agarrotó los dedos sobre el pomo de aquella puerta infernal, que se abrió sin su permiso.
Se atrevió a mirarla por fin, y al ver sus dulces ojos azules no pudo contenerse más. Se acercó a la niña alargando los brazos y rompió su precioso y diminuto cuello.
___
Este microrelato de "terror" no ha ganado ningún premio xD
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
